Me iré tranquilamente como llegué un día.
Me llevaré conmigo un cuerpo de guitarra
y algún aplauso preso entre mis puños
y alguna que otra herida en el alma.
Me iré calladamente, sin lágrimas ni dudas,
sin palabras, tan solo mi equipaje
y el polvo del camino hasta mi casa.

Mañana buscaré esa cometa de papel en el desván
y arreglaré la vieja bicicleta con que ayer jugué.
Arrancaré la hierba del jardín
y plantaré un cerezo y un rosal.
Mañana cuando vuelva, si vuelvo.
Mañana borraré cada minuto de la esfera del reloj.
Mañana colgaré en alguna percha lo que fue un disfraz.
Mañana alegrará mi corazón
la risa de unos niños al jugar.
Mañana cuando vuelva, si vuelvo.

Me iré pausadamente como llegué, sin prisas.
Me llevaré el recuerdo de lo que fue mi vida
y alguna que otra carta en los bolsillos,
tal vez algún poema prohibido.
Me iré calladamente, sin lágrimas ni dudas,
sin palabras, tan solo mi equipaje
y el polvo del camino hasta mi casa.

Mañana buscaré esa cometa de papel en el desván
y arreglaré la vieja bicicleta con que ayer jugué.
Arrancaré la hierba del jardín
y plantaré un cerezo y un rosal.
Mañana cuando vuelva, si vuelvo.
Mañana borraré cada minuto de la esfera del reloj.
Mañana colgaré en alguna percha lo que fue un disfraz.
Mañana alegrará mi corazón
la risa de unos niños al jugar.
Mañana cuando vuelva, si vuelvo.

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